Como ya explicamos anteriormente, el tallado de un diamante pretende magnificar y potenciar las cualidades naturales de éste: su brillo, su belleza y su fuego pueden ser acentuados por la talla, o bien verse empañados por culpa de un tallado defectuoso o inadecuado; de ahí la importancia en joyeria de un tallado adecuado.
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Tamaño: la talla influye en el tamaño aparente de la gema; dos diamantes con idéntico peso en quilates pueden parecer de diferentes tamaños, en función de la forma o de la profundidad de su tallado.
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Brillo: una talla adecuada para un diamante refleja la luz desde el interior de la gema; la luz va incidiendo en sus multiples facetas y reflejandose de unas a otras hasta llegar a la superficie de la piedra, donde se dispersa y produce un espectacular centelleo característico. Una talla plana o poco profunda hace que la luz escape por el fondo o por alguno de sus lados, disminuyendo claramente su brillo y su valor.
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Forma: la forma de un diamante viene también determinada por la talla; además de la famosa “talla en brillante”, que presenta una corona perfectamente circular, existen otras como: cuadrada, pera, esmeralda, corazón, oval, princesa, marquesa…