Etimológicamente “arte de grabar la piedra dura”, en griego, la glíptica abarca el grabado de gemas con bajorrelieves y altorrelieves, y el de estatuas y objetos de adorno. Los más antiguos grabados conocidos proceden de lugares tan lejanos en el tiempo como Mesopotamia, donde utilizaban como amuletos o sellos cilindros de piedra cubiertos de figuras y símbolos. Se considera que las primeras figuras talladas en materiales preciosos son los escarabajos realizados en el Antiguo Egipto.
Tanto en la Grecia como en la Roma antiguas se daba gran importancia al grabado en piedra. El desarrollo de ésta técnica se detuvo durante la Edad Media, permaneciendo así hasta cobrar nuevos bríos en la Italia renacentista.
En la actualidad, la glíptica goza de popularidad y consideración gracias a su uso en las formas modernas de expresión artística. En la antigüedad las piedras más usadas en glíptica eran la amatista, el jaspe, el ónice, la carneola y el ágata; en la actualidad se encuentran grabados en cualquier clase de piedra preciosa, incluyendo los diamantes.